Por: Redacción Estop Revista

Ciudad de México – 05 enero 2026 – Cuando el termómetro desciende drásticamente, el organismo humano activa una serie de mecanismos de defensa para preservar la temperatura de los órganos vitales. Sin embargo, si la exposición es prolongada y no se cuenta con la protección adecuada, el impacto en la salud puede ser profundo y, en casos extremos, irreversible. Entender cómo reacciona la fisiología es fundamental para prevenir complicaciones estacionales.
De acuerdo con organismos internacionales de salud como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el frío extremo no solo afecta el sistema circulatorio, sino que también debilita las barreras naturales del sistema respiratorio. El aire frío y seco irrita las vías aéreas, facilitando la entrada de virus y bacterias.
Riesgos críticos por exposición prolongada
-Hipotermia: Ocurre cuando la temperatura corporal desciende por debajo de los 35°C. Los síntomas progresan desde la desorientación y el habla arrastrada hasta la pérdida de conciencia.
-Congelación (Frostbite): El frío extremo puede llegar a congelar los tejidos de la piel, especialmente en nariz, orejas, dedos y mejillas, causando daño celular permanente.
-Agravamiento de enfermedades crónicas: El frío puede exacerbar cuadros de asma, EPOC y enfermedades reumáticas.
El primer sistema en reaccionar es el hipotálamo, que actúa como el termostato biológico del cuerpo. Para evitar la pérdida de calor, se produce una vasoconstricción periférica: los vasos sanguíneos de la piel y las extremidades se estrechan para concentrar la sangre caliente en el torso, protegiendo el corazón, los pulmones y el cerebro.
Este proceso conlleva diversas consecuencias físicas:
-Escalofríos: Son contracciones musculares involuntarias que buscan generar calor mediante el gasto de energía metabólica.
-Palidez y entumecimiento: Al reducirse el flujo sanguíneo en manos y pies, los tejidos pierden sensibilidad y flexibilidad.
-Aumento de la presión arterial: El corazón debe bombear con más fuerza para movilizar la sangre a través de conductos más estrechos, lo que eleva el riesgo cardiovascular en personas vulnerables.
Recomendaciones de expertos para una protección efectiva
Para mitigar los efectos del invierno, especialistas de instituciones de salud recomiendan seguir la técnica de «capas» y mantener hábitos saludables:
-Vestimenta por capas: Utilizar prendas que permitan la transpiración, pero mantengan el aislamiento térmico. La capa exterior debe ser impermeable y cortavientos.
-Protección de extremidades: El uso de gorros es vital, ya que se estima que una parte significativa del calor corporal se pierde por la cabeza.
-Alimentación e hidratación: Consumir alimentos calóricos y bebidas tibias ayuda a mantener la energía necesaria para la termogénesis. No se debe descuidar el consumo de agua, ya que el aire seco invernal favorece la deshidratación.
– Evitar cambios bruscos: Pasar de ambientes muy calefaccionados al frío exterior de forma súbita puede generar estrés térmico severo.
Cuidar la salud estacional requiere más que solo abrigarse; implica comprender que el cuerpo es un sistema que necesita equilibrio y recursos constantes para enfrentar las inclemencias del tiempo.
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